lunes, 22 de agosto de 2016

Imaginario.

Una niña plantando chocolates 
en el corazón confitado 
de un bebé de mazapán 
lleno de frutas brillantes.

Le canta al oído una canción
que cuenta la historia del sol
calentado el cielo de nubes de pan 
y caramelos de todos los sabores.

El bebé se duerme soñando 
que un día será un gran profesor
enseñando con tizas todo lo 
que con ella aprendió.

Luego de arroparlo con pasión
Se va a cocinar un cuento nuevo
donde la vida es arte y pasión
con la libertad de las letras 
que nos llenan de imaginación. 

Mientras escribe el sueño 
atrapa su corazón, 
llevándola al onírico mundo
creado por y para ellos dos.

Juntos juegan subiendo y bajando las nubes,
disfrazando de colores las estrellas, 
pintado el alma con melodías  
creadas solo con risas de mantecol.

Nosotros viejas sinfonías imperfectas
gozamos la dulzura de nuestros avatares 
sin preocuparnos si es día o de noche 
si somos o no... 

Pero es que sabemos 
que seremos siempre el viento
que lleva la vida a recorrer 
el mundo que nuestra imaginación
creo para dejarnos vivir este amor.


Diego Hernán Raquita
23 de agosto del 2016
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