miércoles, 11 de junio de 2014

Poema XXVIII


En la unión de la vida y la muerte
en ese segundo en que tu rostro
cae sobre mi pecho marchito
tu voz se convierte en mi destino.
En ese misero instante suicido
todas mis tristezas y me refugio
en tu simple pero muy bella alegría.

Hundo mi ser en tu increíble presencia
dándote de mi todo aquello que ya no es
pero que fue mi sostén y mi bálsamo,
entregando a la vida mi muerte diaria
para así volver a ser uno con el mundo
creando la conciencia poderosa 
que me llevara a la más bella realidad.

Entonces saldré a buscarte
entero, sin heridas y sin lágrimas
con mi mundo en las espaldas
y mis letras en el alma
para entregarte todo lo que reste
todo eso que me haga ser único
en vos y para vos.

















Diego Hernán Raquita
11-06-2014 Buenos Aires, Argentina
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