sábado, 17 de noviembre de 2012



Copiloto.

Desde el asiento del copiloto,
veo pasar la vida como un paisaje
que se repite una y otra vez,
no tomo nunca el volante,
jamás podré  ser el chofer.

Desde mí controlado rincón
veo pasar mi dolor y mi pena,
dejando que se apoderen
de la dirección, llevándome
por la más obscura tentación.

Abro la ventanilla, dejando
entrar en mí el último suspiro,
emanado por mi triste soledad
y la vaga ilusión de tenerte acá,
de saberte tan mía como mi debilidad.

El camino se mezcla con la única
imagen que jamás se desvanecerá,
desplegó mis alas, me elevo,
tomo el control del aire, desaparezco,
convirtiendo mí tumba en cielo.

Entonces la vida es mía, la respiro,
la convierto en realidad, mi realidad.
El mundo es solo para los que saben,
los que  pueden y quieren pisarlo,
mi cielo es solo para vivir sin penar.


















Diego Hernán Raquita
17-11-2012 Buenos Aires, Argentina
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